Lenka Dusilová en Kutná Hora en un concierto familiar de verano

El público empieza a llegar una hora antes. El lugar y la hora, los jardines del GASK, un domingo de verano a las cinco de la tarde, son propicios al entretenimiento familiar. Desde padres jóvenes con niños en pañales hasta gente de edad media y mayores. La Dusilová hace años que actúa y tiene público de más de una generación. Van ocupando la grada en semicírculo construida sobre la pendiente natural, que se acabará llenando hasta unas doscientas personas.

El antiguo colegio, las viñas, Santa Bárbara.

El escenario es una superficie redonda de madera rodeada de agua, decorada por el fondo monumental del antiguo colegio jesuita y las agujas del tejado de Santa Bárbara. Amenaza lluvia de verano, de aquella que va y viene no molesta mucho. El concierto comienza con una puntualidad total, con las pruebas de sonido ya hechas. Lenka Dusilová saluda al público tras la introducción con un «dobré odpoledne» ( «buenas tardes»). La complicidad es inmediata, son seguidores bien predispuestos. Se van poniendo y quitando los impermeables y abriendo y cerrando los paraguas según pasa la nube.


El escenario del jardín es el propio GASK y Santa Bárbara.

Dusilová ha llegado a un estilo muy depurado y personal, de largos solos y ejercicios vocales y efectos. El técnico de sonido trabaja fino, la cantante se hace el coro ella misma, canta acompañada de su voz sonando por otras pistas. Una niña de unos tres años baila espontáneamente. Las canciones, desde el mismo título de disco en preparación, «Řeka» ( «río»), evocan la mística femenina del agua y de la naturaleza. El concierto fluye. El café, instalado en un contenedor de mercancía, sirve la excelente cerveza local y el acompañamiento poco vegetariano habitual. El público va y viene del café durante el concierto. Los niños corren, chapotean en el agua. La cantante acaba saludando y haciendo los bises pactados y el público se retira con el mismo orden y parsimonia, sin dejar ni un solo papel en el suelo.