Las señales de las rutas para ir de excursión al bosque

(irozhlas.cz)

El verano es un momento óptimo para descubrir que en las montañas y los bosques de Chequia hay 42 mil kilómetros de rutas mantenidas por voluntarios, con señales pintadas con pintura y pincel en árboles, rocas o muros. La tradición viene del siglo XIX.

La montaña checa no es alta ni peligrosa. No significa que no se tenga que ir con preparación, equipamiento y respeto, porque no es cuestión de hacerse daño. Quiere decir que en los bosques no se esconden serpientes venenosas ni fieras. Es una naturaleza a la medida humana. Se aprecia bien sobre todo si se es aficionado al excursionismo, que sería mucho más difícil de practicar sin las señales de las rutas, un símbolo máximo de la colonización humana de la naturaleza del país.

La tradición excursionista tiene sus raíces en el siglo XIX. Desde entonces en checo se habla de «turistika», una palabra que en español como es evidente hace pensar en otra cosa. En aquella época, con posibilidades de viajar limitadas, se buscaban destinos cercanos y se iba en tren, con tracción animal o a pie. Aquel turismo que hoy no distinguiríamos del excursionismo era una actividad de tiempo libre y local, no un negocio global.

Más de ciento treinta años de organización excursionista

Las primeras rutas las marcó durante los años ochenta del siglo XIX el Klub Českých Turistů (KČT), la organización excursionista nacional checa, que ha perdurado hasta hoy. Por una de las más antiguas todavía se puede caminar, siguiendo el margen del río Vltava. Las señales eran muy parecidas a las actuales. Al inicio se pintaba solo en rojo, luego se empezó a usar el azul, el amarillo y el verde. Señales de estos colores se pueden ver todavía hoy por todo el paisaje checo.

La distancia total de las rutas fue aumentando. En 1920 Checoslovaquia tenía 25 mil kilómetros, antes de la Segunda Guerra Mundial ya eran 40 mil. Esto en un país de mil kilómetros de punta a punta.

Durante los años cincuenta desaparecieron muchas rutas por falta de mantenimiento. Durante los años noventa se marcaron las rutas en las zonas fronterizas, inaccesibles casi cuarenta años, porque en buena parte coincidían con un tramo del Telón de Acero de la Guerra Fría.

El régimen comunista prohibió a los «turistas» vivir en paz, al igual que todas las entidades de la sociedad civil, que fueron prohibidas o ocupadas y controladas. Cuando el régimen cayó el KČT se pudo refundar. Hoy tiene 33 mil socios y es una de las organizaciones más importantes del país (web, en checo).

Una continuidad ejemplar

Las rutas excursionistas son el testimonio de más de cien años de continuidad de interés, curiosidad y amor por el paisaje y la naturaleza. En principio, marcar caminos de montaña es una idea de sentido común que se hace en muchos lugares del mundo. La diferencia está en las personas que dan vida a la idea. Si en Chequia hay una espesa red de rutas es porque, desde hace más de cien años, las recorren voluntarios cargados de botes de pintura y pinceles y pintando y repintando las señales. La tecnología avanza y facilita las cosas, pero el espíritu perdura.

Este factor humano tal vez es lo que marca la diferencia y hace del excursionismo checo un referente en Alemania, Austria, Ucrania y los países del entorno. Los años de experiencia acumulada y la masa crítica de voluntarios entusiastas son las razones clave que han afinado el sistema checo de rutas excursionistas hasta la casi perfección. El verano es la época adecuada para salir a comprobarlo.

Vítek Groesl es estudiante del grado de catalán de la Universidad Masaryk de Brno.