Para entender el bloqueo político checo, o intentarlo

La credibilidad de la Unión Europea se va degradando por su pasividad ante la deriva autoritaria y la violación de derechos fundamentales en países como España, Hungría y Polonia. Pasan más desapercibidos los esfuerzos europeos ante el bloqueo político checo. En buena parte es porque Chequia llama la atención del mundo entre poco y nada. En el país se vive bien, la pandemia se viene llevando razonablemente bien, etc. El 19 de junio el Parlamento Europeo aprobó una resolución llamando a dimitir al primer ministro checo Andrej Babiš o a resolver sus conflictos de intereses. El 29 de junio el gobierno checo dijo que ni hablar. Babiš domina las encuestas y a la vez tiene una fuerte contestación. Intentemos ver el bloqueo político checo.

¿Babiš tiene conflictos de intereses? Considerando que controla los resortes del Estado y las jugosas ayudas europeas, y a la vez un grupo empresarial grande y agresivo, en un sector tan regulado como la alimentación, se puede decir que está por debajo de toda sospecha.

En Chequia es difícil comer sin que este señor gane dinero. Sus productos están muy presentes en todo el oligopolio de la distribución alimentaria. Además es dueño de Dnes y Lidové Noviny, las dos cabeceras históricas de la prensa diaria checa. Si el lector español se puede imaginar al dueño de Mercadona y de El País combinados en un solo señor sentado en la Moncloa, sería un caso parecido.

Las consecuencias de la antipolítica

Babiš (n. 1954) arrasa en las encuestas, tenía un tercio del voto en mayo. Cuenta con un movimiento político propio con un nombre obscenamente banal, ANO bude líp (SÍ todo irá bien). Es una maquinaria de poder perfectamente engrasada. No tiene más ideología que ganar y conservar el poder. Controlar el boletín oficial y el presupuesto, a nivel estatal, regional y municipal.

El ascenso de Babiš es un efecto colateral de una enorme corrupción política. Aún no se había asentado el polvo de los escombros del muro de Berlín y empezó el festín, y perdón por el ripio. En la Chequia de los noventa los bancos solo empezaron a ganar dinero cuando dejaron de controlarlos los checos. El agujero lo taparon gobiernos socialdemócratas con dinero del contribuyente, y luego se vendieron al capital internacional.

De aquel hartazgo de entonces salieron varios movimientos más o menos pintorescos que quedaron en nada. Solo Babiš consiguió, gracias a contar con un montón de dinero para el marketing y comprar medios, dar una imagen de eficacia que está basada en un mito. Babiš era un cuadro del comercio exterior del régimen comunista. Esta elite funcionarial conocía el capitalismo mundial y tenía experiencia y dinero en 1989.

Nueva y vieja política checa

Otro movimiento surgido de aquella ola contra la política tradicional fueron las iniciativas independientes municipales. Están unidos en un movimiento político con implantación dispersa. Son vagamente liberales, conservadores, tolerantes en cuestiones que atraen al votante más joven. Más que en la ideología el énfasis lo ponen en la gestión local. No sacan mucho a nivel estatal y fragmentan el voto liberal-conservador que históricamente tenía ODS. Este partido ha renovado personas y programas pero como marca política sigue contaminado. En mayo a penas tenía el 12 por ciento del voto.

En la izquierda política clásica los socialdemócratas estaban en el 9 por ciento en mayo, los comunistas en el 7 por ciento. Solos no harían nada. Ambos se ven superados por la franquicia checa de los Piratas, que contaba con un 13 por ciento, de voto sobre todo joven.

En resumen hay un partido dominante de un líder oportunista y sin escrúpulos, con una oposición tan visible e indignada como impotente. Tiene que recurrir a proclamarse moralmente superior, con un anticomunismo estridente que no les está llevando a nada.

El bloqueo político checo no tiene visos de cambiar. Está Babiš para gobernar solo o elegir con quién gobierna. La oposición es muy visible pero el oligarca metido a político no se inmuta, es de teflón. Los demás partidos a la hora de la verdad están perfectamente dispuestos a pactar y tocar poder. Los grandes consensos (Europa, Occidente, Estado intervencionista) no están cuestionados en absoluto, de modo que se puede decir que la sociedad checa da señales de dinamismo no gracias a sus políticos, sino a pesar de ellos.

Antoni Ferrando es editor de la Revista Kampa.