Prígl, sarcasmo checo para sibaritas

(prigl.cz)

En tiempos de estupidez triunfante y contra la dictadura de lo cuqui, la web Prígl (en checo) es una especie de milagro. Publica dos o tres artículos al año y tiene miles de likes y extensos comentarios, aunque nunca será un producto para las masas. Es un antídoto fantástico contra la morralla esotérica y la pseudosabiduría asiática, el fast food new age californiano, los memes de basura kitsch a la Coelho; es algo que ejércitos de terapeutas, charlatanes, coachs y vendedores de unguento de piel de serpiente de todo tipo preferirían pensar que no existe y actuarán de hecho como si no existiera. Pero ahí está: el poder liberador del sarcasmo. El poder de mirar a la realidad a la cara. Después de esto, la compasión y la empatía son el verdadero acto de coraje. Pero eso sí, fuera del escenario. Vamos a ver el último artículo, sobre la cuarentena.

Para empezar, tiene un título que como siempre es una declaración de principios: “Cuarentena: no hagáis como que no os gustó, putillas vagas.”

Dice “putillas” y se refiere a sus lectores: “nedělejte, že se vám to nelíbilo, vy líný děvky”.

Empieza así:

“Mantenterse caliente, no ir a ningún lado, excepto a por cerveza a la nevera. El coronavirus ha elevado esta estrategia de supervivencia checa a un factor clave en la seguridad nacional. Resulta que fronteras cerradas, burdeles cerrados o incluso hospodas cerradas no molestan demasiado a los checos. Los artistas, con su su insidiosidad innata, han llenado las redes de conciertos, lecturas y teatro no solicitado, y los escritores en particular se han comportado como auténticos bastardos, cuando no han dudado en lanzar al éter sus historias de cuarentena, en las que han demostrado a toda la nación llevar vidas aún más aburridas que las de los contables de nóminas.”

Este es el gran final.

“Alcohólicos, hepáticos, diabéticos y miles de patriotas están listos para luchar en el frente de los placeres asequibles contra las negras perspectivas del producto interior bruto checo. A todos ellos les corresponderá un monumento al Consumidor Desconocido, con una bolsa de la compra en la mano.”

Si vuestro checo os da, es miel sobre hojuelas.