21 de agosto, el fin de la Primavera de Praga

El calendario checo (1)

El 21 de agosto es el aniversario de la invasión soviética de 1968 que acabó con la Primavera de Praga o el intento de reformar el comunismo. Fotografías de los hechos como las de Josef Koudelka son iconos de la historia del siglo XX. En el relato con el que los checos se explican a sí mismos, el 68 sería el último episodio trágico de la pequeña nación atrapada entre los colosos germánico y ruso, antes sometida por el Imperio hasta 1918, ocupada por la Alemania nazi justo una generación antes del 68. En enero de 1969 un estudiante se prendió fuego para protestar contra la indiferencia con que los conciudadanos aceptaban la invasión. Hay una serie checa en HBO sobre el episodio, «Burning bush».

La invasión de 1968 debe ponerse en contexto. Praga no fue ni la única ni la más cruenta intervención militar soviética en Europa entre 1945 y 1989. Alemanes orientales, húngaros y polacos también recibieron fuerte. La Unión Soviética solo mantuvo a los países satélites bajo control con el terror militar.

¿Por qué es más conocido el final de la Primavera de Praga? Las fotografías de Koudelka y otros ayudan. Pero sobre todo 1968 quedó en la memoria de toda la generación joven en Occidente como un punto de inflexión, a partir del cual el espíritu libre y de revuelta de la década se iría acabando a palos.

En este contexto, los hechos de Praga se sitúan entre mayo de París, la policía apaleando a Chicago a los manifestantes contra la guerra de Vietnam o la matanza de estudiantes en México. Para los más rojos de aquella generación, tales como el insigne Manuel Vázquez Montalbán, en Praga acabó toda ilusión de reformar el comunismo.

Hay un segundo aspecto con el que el extranjero no entra en contacto. En 1968 los checos y los eslovacos sufrieron una invasión y una ocupación militar. Ahora bien, los comunistas checoslovacos reformistas fueron sustituidos por otros comunistas no menos checoslovacos, pero de línea dura, fiel a Moscú.

Lo que sí vino después de 1968 fue una nueva gran emigración de élites, la segunda después de la del 1948, cuando los comunistas instauraron el régimen. La memoria de todo aquello hoy la mantienen esfuerzos militantes de un anticomunismo que va quedando tan arqueológico como el mismo comunismo.

Recientemente, el historiador Michal Pullmann ha levantado una polvareda enorme en la conversación pública checa. Básicamente pide una revisión del discurso hegemónico del anticomunismo.

No tanto por los hechos históricos en sí, porque la represión está bastante bien documentada, sino porque el anticomunismo se utiliza de forma espuria en la batalla política y partidista de hoy. Pero eso será el tema de un artículo próximo.