Venir a Praga a trabajar con contrato: Andrea Ribera, grafista.

Europa es ahora mismo el tablero de juego de los jóvenes profesionales catalanes. Con la crisis que viene lo irán entendiendo. Algunos ya están en ello: Andrea Ribera (Barcelona, ​​1991) llegó a Praga en enero «fichada», con un contrato. Trabaja en el estudio de diseño que da forma, entre otras cosas, a envases que se compra en el supermercado quien nos lea en Chequia.

Hay un itinerario natural del artista que se hace grafista para ganarse la vida. Asimismo el trabajo es muy técnico. Depende de tecnología y del procesamiento de mucha información. El envase debe funcionar como tal, el cliente debe elegir tu botella y no otra, y debe producirse dentro de una cadena de producción.

Andrea es una grafista de Elisava, la prestigiosa escuela de Barcelona. Ya tiene un bagaje, una trayectoria. Ha vivido la profesión con la tensión entre el arte y el comercio que le es propia: el grafista va y viene continuamente entre el arte y la artesanía.

Andrea Ribera hizo el etiquetado del vino «Núcleo» de Derrick Neleman, un viticultor holandés que elabora vinos orgánicos en València. El nombre hace referencia a lo esencial de un suelo saludable que produce uvas sabrosas y a la corteza de las viñas centenarias. El nombre queda integrado en la sección de la corteza, que en el vino rosado (había negro y blanco) deja ver la belleza delicada del color (instagram.com/andreariberalleonart).

Como se sabe, el turbocapitalismo en que vivimos premia determinadas líneas de trabajo. Para el grafista con sensibilidad artística la lucha, porque no es exagerado hablar de lucha, es mantener viva el alma creativa.

Andrea ha trabajado mucho y ha hecho muchas cosas. Las tiene ordenadas en su Instagram. Pero sobre todo tiene planes. De momento se consolida en Praga y en la experiencia de trabajar en un entorno multiculti de grafismo corporativo.

La población flotante de una metrópolis global

Praga es una metrópolis global. No está en la liga de Londres y París ni las ciudades nórdicas, donde el diseño es cultura desde hace tantos años. Pero la capital checa atrae continuamente gente joven y formada, de toda Europa y más allá. Hay demanda de trabajo en diseño y en más sectores. Ofrece sueldos, entornos de trabajo, calidad de vida.

¿Cómo es la gente joven que llega, como vive, cómo se organiza? Si llegar a una ciudad extranjera ya conlleva no conocer a nadie, llegar e ir al confinamiento aún lo hizo más dramático. Ahora pero la cosa ya ha mejorado. Andrea dice haber descubierto que mucha gente estaba igual: la globalización los crea y las redes los reúnen.

En un entorno de población flotante, inestable, con gente que es extranjera como tú, que es hasta que deja de estar, la actitud parece que debe ser abierta, empática y práctica a la vez, orientada al ocio, a el hedonismo. Hablar inglés es lo normal.

Gente joven y formada como Andrea ahora mismo viven así, entre países y ciudades, trabajando, aprendiendo, conociendo gente de todo el mundo, acostumbrándose a este estado inestable, de cambio permanente, de expectativas abiertas. Pide sobre todo madurez y coraje, y mientras tanto la conversación pública en Cataluña y en España básicamente los ignora.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.