Paisaje en la sombra, o la memoria y la dignidad de la gente

Krajina ve stínu (moviezone.cz)

En Krajina ve Stínu (Paisaje en la sombra) en un momento dado un campesino, en una aldea pobre de la frontera entre Chequia y Austria, le dice a la mujer «llevamos tres Estados y siempre estamos en la miseria». Está hablando del Imperio de Austria-Hungría, disuelto en 1918, para dar paso a la Checoslovaquia independiente, abolida por los nazis en 1938, el momento de la acción, cuando la población de la aldea está dividida acerca de si incorporarse o no al Reich de Austria y Alemania.

Este interés por la dignidad y la humanidad de la gente pequeña y al margen, de la gente, parafraseando a cierto poeta, que viene de un silencio antiguo y muy largo, desde los fondos de los siglos, por los pueblos y las ciudades comarcales checas, es recurrente en las películas de Bohdan Sláma (Opava, 1967), uno de los mejores y más importantes cineastas checos en activo. En 2005 ganó la Concha de Oro en San Sebastián por Štěstí (Felicidad).

En Krajina ve Stínu, la novena película que ha dirigido Sláma, retorna a este interés, a la suerte de la gente normal, en una aldea pobre de la frontera checoaustriaca, entre 1938 y 1952. La película es de una factura artística y técnica impecable, con un blanco y negro adecuado al periodo histórico, con planos secuencia, como reforzando el carácter coral. Hay varios personajes concretos bien dibujados, pero el protagonismo es de todo el colectivo.

La película comienza con la convivencia más o menos feliz de gente de nación checa y alemana, más algunos judíos. Hay una pareja mixta de alemán y checa, de judía y checo. Los idiomas conviven de forma natural. La gente baila swing (es 1938), y el marido de familia germanófona regala a su mujer checa una máquina de coser. Son gente pobre, que aprecia sus escasos bienes materiales, que trabaja muy duramente en el campo.

Como en todas las películas de la época el espectador anticipa que todo acaba mal, pero igualmente es arrastrado más de dos horas, porque la narración tiene una calidad hipnótica, muestra cómo gente que vive junta de toda la vida, sabiéndolo todo de los vecinos, acaban matándose y robándose entre ellos. Hay cortes entre episodios separados en el tiempo, hasta 1952, en un ejercicio virtuoso de la elipsis, con personajes que envejecen y mueren y niños que se hacen mayores.

La evolución moral que hacen algunos personajes es quizás lo más potente. Por ejemplo, hay un personaje que hace frente al nazismo y sobrevive el campo de concentración. Empieza pues despertando admiración y compasión, hasta que los hechos lo convierten un monstruo vengativo, en un completo miserable. La película muestra bien cómo la ideología y la verdad oficial pueden acabar siendo un refugio para psicópatas, asesinos, violadores y ladrones.

Krajina ve Stínu es de una enorme belleza trágica y conmovedora, y es valiente, porque aborda uno de los temas más desagradecidos e incómodos de la historia checa reciente: la limpieza étnica de la población de nación alemana después de la Segunda Guerra Mundial, el modo como les robaron las casas y las tierras, sufrieron atrocidades, los obligaron a marcharse. En resumen: una gran película, admirable en el fondo y en la forma.