De pandemias, pantallas y libros

Los libros comentados nos este artículo con sujetalibros hechos con impresora 3D.

Los lectores nos envían textos sobre sus lecturas. En Praga la Shakespeare and Sons es del todo digital y anglófona, pero os encuentran cualquier libro. The Globe tiene un restaurante adjunto y actividades sociales en inglés, como club de lectura y lectura de cuentos , ahora todo cerrado hasta nuevo aviso. Este artículo comenta cuatro libros que interesarán sobre todo, pero no solo, a quien tenga niños y se sienta solo ante el peligro, entre ellos y las pantallas.

Y encima hace frío. Estaremos más horas cerrados y los que tenemos la dicha de tener juventud por casa podría ser que preguntarnos cuantas horas es saludable que los hijos y nosotros mismos pasamos frente a las pantallas.

Este interrogante se presta a respuestas rápidas y absolutas, aunque muchos habremos dejado estratégicamente los cuñados fuera de la burbuja sanitaria de la Covid-19. Aquí veremos algunas respuestas en libros que puede encontrar en las librerías de Praga, a cargo de un doctor en neurociencia [1], una filósofa y doctora en psicología [2], una doctora en matemáticas [3] y una psicóloga forense especializada en el mundo digital [4].

Cretinismo digital
Quien tenga prisa que vaya a las conclusiones del primer libro. Michel Desmurget desglosa por edades cuántos minutos diarios está demostrado que no tienen efecto cuantitativo en el rendimiento escolar y el desarrollo cognitivo.

Si va directamente al final del libro se perderá una sistemática de argumentación científica y cuantitativa, comparando puntos de vista opuestos y descifrando el peso de cada bando, una palabra que define bien el enfrentamiento entre entusiastas y conservadores.

Si hay tantos estudios científicos definiendo con precisión quirúrgica franjas de edades y trasfondos económicos, ¿por qué las horas de ocio que decidimos pasar a través de una pantalla crecen de forma exponencial?

Desmurget nos presenta un paralelismo entre pantallas y bebidas azucaradas, tabaco, y alcohol. Cómo se están siguiendo modelos políticos, económicos y publicitarios una vez más, y con un éxito sin precedentes.

Considere el tabaco hace veinte años años y hoy. ¿Cómo puede ser que algo tóxico como el tabaco, dirigido comercialmente sin escrúpulos sanitarios ni psicológicos, nos atrapara a tantos?

Matemática y vigilancia digital
Según Shoshana Zuboff [2], las pantallas tienen detrás un ejército de profesionales con un objetivo empresarial: que pases más y más horas enganchado hasta que resulte matemáticamente calculable lo que querrás comprar mañana.

Los gigantes digitales ya no son un buscador o una red social, no es este el modelo de negocio. El dinero lo hacen apostando con los distribuidores en cuántos anuncios clicarás y cuánto dinero te gastarás. Los inversores quieren dinero y el dinero lo hacen sabiendo cuando y donde comprarás.

Cathy O’Neil detalla [3] con más matemáticas, pero aún con un nivel pedagógico elevado, algunos de los algoritmos más comunes, y sus desbarajustes más comunes, que nadie hace nada para reparar, mientras den dinero tal y como están.

Lo ilustra con casos del ámbito público y privado. Las grandes decisiones sobre quién recibirá subvenciones o becas, o quién será contratado por una empresa, son delegadas a cajas negras algorítmicas, sin posibilidad de apelación. «Lo sentimos, el algoritmo dice que usted no es apto para este trabajo. Continúe buscando».

Por mucho que proclamemos la igualdad de oportunidades, académicos y activistas han desenmascarado gravísimos sesgos en algunos algoritmos que se utilizan de forma rutinaria por departamentos de recursos humanos y servicios de policía. En algunas ciudades de Estados Unidos ya deciden según una caja negra para qué barrios patrullarán cada día.

Criminalidad digital
Hasta aquí quizás se puede pensar que toda esta literatura es alarmista y que sin móvil no podemos vivir. Mary Aiken [4] nos muestra cómo esto ya no va solo de gigantes informáticos queriendo influir en los próximos zapatos que nos compraremos o a quién votaremos.

Las mismas estrategias sofisticadas ya se utilizan de forma sistemática en el mundo criminal para cautivar la atención de los más jóvenes. Documenta un aumento exponencial de todos los crímenes de carácter sexual que, en el mundo actual, dejan heridas eternas: una vez la foto de tu hijo desnudo circula, circulará para siempre.

Aiken, que coopera con policías de todo el mundo, enumera recomendaciones a la hora de introducir el uso de la tecnología a los más jóvenes. Con las horas que los hijos pasan frente a las pantallas creciendo sin parar, y con la curiosidad innata de los más jóvenes por los espacios que los adultos protegen, Internet se convierte «la puerta grande» para comprar drogas, productos robados; para ser víctimas de estafas en juegos online, o para ser tentados a vender las fotos de compañeros de clase, a cambio de 10 puntos más en un juego en línea. Lea bien los gráficos porque todo esto crece de forma exponencial.

La educación es la respuesta
Ya hemos vivido con la pandemia la severidad de las exponenciales. Ahora nos toca pensar si duplicar o triplicar las horas de pantalla de los más jóvenes es un riesgo que queremos asumir. ¿Podemos vivir con menos móvil? ¿O sin móvil? ¿O cómo podemos educar (o limitar) el uso de las tecnologías?

¿Saben los hijos qué significan las opciones de privacidad de las redes que utilizan? Bueno, seguramente lo saben más que los padres. Pero estaría bien discutirlo juntos. En próximos artículos lo iremos hablando.

Os dejo un ejercicio. Con el boom de la educación en línea, os hago una pregunta: cuánta información podéis extraer de cualquier otro niño a través de los agujeros en las plataformas que os han sido dadas. Premio para quien saque una dirección postal. Doble premio si es de un curso que no es el de su hijo.

No sé vosotros, pero en mi caso ya se coló una persona no deseable en un chat de la hora del patio digital. No era, presuntamente, un error de la plataforma. Fue otro niño, posiblemente, quien lo facilitó, tal vez a cambio de 20 gold bricks . Educación, educación, educación.

Referencias
[1] Michel Desmurget, La Fábrica de cretinos Digitales .
[2] Shoshana Zuboff, The age of surveillance capitalism .
[3] Cathy O’Neil, Weapons of math destruction .
[4] Mary Aiken, The cyber effect .
__
Elaborado sobre la base de la aportación de un lector.